un amor que llegó a mi vida el 28 de mayo del 2025
y que vivirá en mí en esta y todas las vidas que tenga que vivir
¡¡¡Por Siempre!!!
Bienvenidos al Blog de la Bruja
un amor que llegó a mi vida el 28 de mayo del 2025
y que vivirá en mí en esta y todas las vidas que tenga que vivir
¡¡¡Por Siempre!!!
Hay un hermoso verso en el Bhagavad Gita que dice:
El desapego no es que no poseas nada. El desapego es que nada te posea a ti. El desapego a menudo se percibe como distanciarse de uno mismo de todo. Pero en verdad, la forma más elevada de desapego se encuentra en estar cerca de todo sin permitir que te consuma o te controle.
Decidí vivir bonito, no porque la vida sea perfecta ni porque todo esté en su lugar, sino porque entendí que seguir respirando ya es motivo suficiente.
Ya no tengo cuarenta ni cincuenta años, pero
eso dejó de importarme cuando comprendí que para vivir bonito no se necesita
juventud, se necesita conciencia.
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Vivir bonito es despertar y agradecer, aunque el cuerpo duela un poco. Es tomarte el café despacio, aunque se enfríe. Es mirar por la ventana y encontrar belleza en una nube, en un pájaro, en el silencio.
Vivir bonito no es tenerlo todo, es aprender a
disfrutar lo que tienes, sin compararte, sin correr, sin exigirle más a la vida
de lo que hoy puede dar.
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Antes quería más cosas, más certezas, más
personas. Hoy quiero paz. Hoy quiero momentos. Hoy quiero conversaciones
honestas y risas que salgan del alma.
Hoy abrazo mis arrugas porque cuentan mi historia, y mis nostalgias porque me recuerdan de dónde vengo.
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He aprendido que la edad no te quita nada; te
enseña. Te enseña a soltar, a elegir mejor, a quedarte con lo esencial. Te
enseña que lo pequeño es enorme: un pan caliente, una canción vieja, una flor
creciendo donde nadie la sembró.
Hoy disfruto este pequeño instante porque todavía puedo sentir, recordar, amar. Porque este corazón, aunque remendado, sigue latiendo. Y eso ya es un milagro.
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Así que sí, decidí vivir bonito. Con cicatrices, con pausas, con fe. Sin prisa. Sin máscaras. Con gratitud. Porque mientras haya vida, siempre habrá motivos.
EL AGUA NO ES NECESARIA PARA LA VIDA
ES LA VIDA MISMA
ASI ES EL AMOR... IMPRESINDIBLE PARA EL ALMA
INDISPENSABLE PARA QUE BRILLEN LOS OJOS
Y IRREMPLAZABLE PARA SONREIR
Cuando tenía unos 8 años, un actor japonés llamado Nakamura hizo algo que cambió la historia del teatro Noh. En el teatro Noh, los actores usan máscaras. Máscaras talladas en madera, con expresiones fijas: tristeza, alegría, furia, paz. Nakamura llevaba décadas actuando con una misma máscara. Un día, durante un ensayo, intentó quitársela. No pudo. No porque estuviera pegada, sino porque su cara había empezado a tomar la forma de la máscara. Años de sostener esa expresión habían ido, literalmente, moldeando sus músculos faciales. La máscara y su cara ya eran la misma cosa.
La mayoría de nosotros hicimos
algo parecido.
De niños, alguien nos dijo algo:
"No llores,
eso es de débiles."
"No hagas eso, qué van a
pensar."
"Sé fuerte."
"No seas tan sensible."
"En esta familia no se
habla de eso."
Y pusimos una máscara. Al principio era incómoda. Se sentía rara, extraña.
Pero la fuimos usando tanto, tanto, tanto... que dejó de sentirse como una máscara, a sentirse como nuestra
cara.
El problema no es ponerse la
máscara. El problema es olvidar que la tienes puesta. Porque cuando olvidas que llevas máscara...empiezas a
vivir dentro de
la máscara. Y la vida dentro de una máscara se siente
vacía.
Funcional, tal vez.
Productiva, quizás.
Pero vacía.